martes, 21 de marzo de 2017

Tres en el veintiuno






Los alumnos del segundo interciclo  del Colegio de Torregamones han redactado unos cuentos donde Luigi conocerá a alguien muy especial.

Hoy, 21 de marzo, es el Día Mundial del Síndrome de Down y este dragón quería celebrarlo de una manera muy especial, y es que, los niños siempre son niños. Dejemos que sea siempre así, por favor.

Hugo y Luigi

Érase una vez unos papás que estaban esperando a un bebé, “Hugo”, y cuando nació, los doctores le dijeron que había nacido con un problema: Síndrome de Down.
Hugo creció y creció y un fin de semana su familia y él fueron a dar un paseo por el campo y se encontraron con un dragón que se llamaba Luigi. Se hicieron muy amigos porque Luigi jugaba mucho con Hugo y a Hugo le gustaba jugar mucho con Luigi.
Cada día que podía se iba a jugar un poco con su gran amigo. Cuando Hugo fue mayor, a sus amigos les contaba siempre su historia con su amigo el dragón Luigi porque le ayudó a crecer feliz y a superar sus problemas, y decía que quería ayudar a otros niños como su amigo Luigi le había ayudado a él.

O.

Luigi y la niña con Síndrome de Down

Un día vino una familia con un niño que quería ir a la escuela de aquí, de Torregamones a aprender muchas cosas, y entonces en el colegio la profesora le preguntó su nombre y tardó cinco minutos en responderle. A la salida la profesora le preguntó a sus padres que qué le pasaba a Eva y estos le dijeron que sufría Síndrome de Down, y que por ello tardaba mucho en hacer las cosas que le mandaba, porque los que sufren este síndrome tardan más en cumplir las cosas, y le dijeron a la profe cómo tenía que trabajar con Eva. Al día siguiente la profesora mandó que los niños se turnasen para jugar con ella, y entonces apareció Luigi, que se extrañó al ver una nueva niña en el colegio. La profesora le enseñó cómo tenía que tratarla y Luigi se lo pasó muy bien y vino todos los días de clase a la hora del recreo para jugar con Eva, su nueva amiga.

I.

Luigi conoce a un niño con Síndrome de Down

Por fin había llegado la primavera y Luigi estaba muy contento, pero lo que no se esperaba es que iba a conocer a un nuevo amigo. El amigo era un niño con Síndrome de Down que se llamaba Moncho y tenía los ojos alargados.
Moncho quería conocer a Luigi más de cerca, ¿sabéis por qué?, porque él nunca había visto un dragón y quería hacerse amigo de él y que le contara cuentos.
Moncho entró en la página de internet donde se hablaba de las aventuras de Luigi y por eso quería conocerlo.
Yo me hice su amigo y le mandé un correo diciéndole que le iba a presentar a Luigi, el dragón de los Arribes, que era muy bueno, que obedecía mucho y contaba siempre unos cuentos maravillosos.
Cuando Monchó llegó y le conocí, me sorprendió un poco verlo diferente, pero le hice un pastel de frutas porque era mi invitado. Cuando fuimos a ver a Luigi, Moncho quiso que volase con él y le llevase a lugares cercanos, Luigi dijo:
-         ¡Pero bueno, qué tenemos aquí!, a un niño con Síndrome de Down, ven, que te enseño toda la clase.

Allí estaban mis compañeros y Luigi nos dijo:
-         Aquí tenéis un niño con Síndrome de Down, tratadle bien, como es debido, porque todos somos iguales.

A.


Luigi y Estefanía

Aquel inicio de curso, todos los niños del cole de Torregamones estaban algo nerviosos, sabían que una nueva compañera se iba a incorporar a la clase, pero durante el verano apenas la habían visto. La gente del pueblo les había dicho que era una niña “especial”, que tenía no sé qué en la cara que nada más verla se notaba que algo raro le pasaba. Pero ellos no entendían nada de eso: María tenía pecas; Juan llevaba gafas; Alberto corrector en los dientes y Fátima tenía una mancha de nacimiento en la frente, ¿qué sería eso que tendría en la cara que la hacía diferente si todos tenían algo especial que les diferenciaba ya de los demás?

El primer día de clase, apareció de la mano de su madre, mirando a todos con bastante sorpresa y con cara de susto. Estefanía había ido a otro cole donde muchos niños tenían sus mismos rasgos en la cara, y ahora todos eran tan diferentes, eran raros, raros de verdad.

Mientras todos se iban sentando en sus sitios, Estefanía no se soltaba de la bata de la profesora, ya que de la mano de su madre se pasó a sujetarse así, pensando que eso le salvaría de tener que presentarse a todos los niños. Pero no se iba a librar.

La profesora entonces les invitó a todos a levantarse, y puso música en el ordenador:

-         Como es principio de curso, vamos a darle la bienvenida a este nuevo año como se merece, y vamos a hacer un gran desfile para irnos presentando todos.
-         Pero si nosotros ya nos conocemos profe- dijo María.
-         Sí, puede, o no, porque nos vamos a presentar de una manera totalmente diferente. Vamos a decir nuestro nombre entrando por la puerta y vamos a decir algo que sabemos hacer  muy bien,  y a demostrarlo. Empezaré yo: Buenos días niños y niñas de Torregamones, me llamo Gadea y sé hacer magia- dijo sacando una margarita de detrás de la oreja de Estefanía.

Toda la clase aplaudió y la siguiente fue, como no, María, que era la más pequeña y por eso la más decidida, no tenía eso que llaman vergüenza.

-         Yo me llamo María, y sé hacer el pino- dijo poniéndose cabeza abajo, de manera que sus trenzas se pegaron al suelo.
-         Bieeeennnn bieeeeennnnnnnnnn – aplaudió el resto de compañeros.
-         Yof mef llamof Albertof y tengof dientes de metalf – dijo con una gran sonrisa.
-         Vaya Alberto, te han cambiado el aparato de nuevo, pero estás igual de guapo que siempre – le dijo Gadea aplaudiendo.

De repente Estefanía soltó la bata de Gadea y dijo:

-         Yo soy Esteffffanía, vengo de ottttro cole pero esssste me encanta y sé bailar  - y se puso a bailar al ritmo de la música que estaba sonando.
-         Biennnnnnnnnvenida Estefanía, gritaron todos aplaudiendo.
-         ¿Siempref hablas asif de rarof? – Le preguntó Alberto, pero al notar que él también hablaba raro por el aparato, los dos se echaron a reir a carcajada limpia.
-         Yo soy Juan  y soy un galán, que te hago versos con sabor a quesos
-         Jajjajajaaa, Juan, ¿ya estás con tus poemas??? – le dijo la profesora aplaudiendo.
-         Yo soy Fátima y sé sumar y restar rapidísimo, además de saltar así de alto – y antes de que los niños se dieran cuenta ya estaba subida encima de la mesa.
-         Jajjjajaa, toooddddooos sois así de raaros, jajajaj, meee encanta este cole, mmmmamá.

La maestra se despidió de la madre de Estefanía y comenzaron a jugar los cinco alumnos en el aula, hasta que alguien tocó el cristal de la ventana por fuera.

-         Os habíais olvidado de mí, soy Luigi y sé contar las mejores historias del mundo.
-         Ohhhh, no qqquiero, mme da miedo- dijo Estefanía asustada.

Pero Luigi no dio tiempo ni a reaccionar, y empezó a contar una vieja historia de una niña llamada Estefanía que tenía el don de bailar y amansar a las fieras, Estefanía la escuchó atenta y al terminar le preguntó si sabía echar fuego, a lo que Luigi le contestó que tan solo palabras, y que se comprometía a contarle un cuento al día a cambio de verla sonreír. Y así fue, como día a día, Luigi visitaba el colegio para contarle un nuevo cuento a Estefanía, aprendió que no siempre Estefanía estaba contenta, y que cuando no lo estaba no le gustaba nada estudiar, pero gracias a los juegos, a los cuentos,  y a ese súper equipo de compañeros se adaptó perfectamente a ese nuevo colegio, y es que claro, no todo el mundo tiene la suerte de Estefanía, que tiene a un dragón contándole cuentos a diario.

Paula.

No hay comentarios:

Publicar un comentario